Halago o insulto

El acoso sexual es una problemática latente en la sociedad colombiana que aqueja a mujeres y hombres diariamente en distintos ámbitos. Si bien es un acoso sufrido por ambas figuras, en el contexto machista colombiano, son las mujeres quienes tienden a padecerlo con mayor frecuencia.

Si has caminado alguna vez por la calle, estado en transporte público o salido de algún almacén, posiblemente habrás notado que muchas mujeres son seguidas, piropeadas, chifladas y hasta tocadas por hombres que no pueden contener sus impulsos animales por expresar su atracción hacia dicha ‘presa’. Estos actos que concebimos como ‘normales’, reciben el nombre de acoso sexual callejero, que implican una evidente víctima y un victimario.

El Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile, lo define como “una práctica de connotación sexual ejercida por una persona desconocida, en espacios públicos que suelen generar malestar en la víctima”. Claro está que no es siempre la figura masculina la que toma el papel de victimario ya que ésta puede también ser victima; pero en el contexto colombiano, no es recurrente el acoso de parte de una mujer a un hombre, por claros estereotipos sociales ligados a la mentalidad patriarcal.

Una mirada, piropo, silbido, unos besos, gestos, comentarios sexuales, roces, persecuciones o agarrones no consentidos por las dos partes; convierte a la persona blanco de estas acciones en víctima de acoso sexual. Pero, ¿por qué escuchamos tan pocas denuncias de este tipo cuando es  tan común?

La ONG Sisma Mujer afirma que existe una falta de registro de los casos sucedidos en comparación a los casos denunciados debido al “temor o vergüenza que significa denunciar, el miedo a la crítica y a la re-victimización, a la pérdida de oportunidades laborales y de derechos”; dejando así en el aire la mayoría de los casos sin tomar las debidas represalias ante los acosadores. También, aseguran los expertos, que las víctimas callan por temor a ser estigmatizadas.

Según Sisma Mujer, la Fiscalía tramitó 75 casos de acoso sexual entre los años 2001 y 2012, de los cuales 8 tuvieron condena, “que para este delito es de máximo 3 años, por lo que el victimario, pese a ser hallado culpable, no va a prisión”, demostrando así que por más que se denuncien los casos, estos terminan siendo obviados lo que generará una repetición posteriormente. Según informes de la Policía Nacional, “por cada mujer que denuncia acoso sexual, otros cuatro casos se mantienen en silencio”, lo cual demuestra que el acoso sexual callejero es un delito que soportan las víctimas sin ayuda ni acompañamiento.

Otra vista de esta problemática es la excusa de los acosadores, quienes argumentan su inocencia con las típicas frases “fui provocado por…” o “ella no tenía porqué…”. Debido a razones de la cultura machista, muchos actos agresivos hacia mujeres realizados por hombres, son considerados como inofensivos ante sus ojos; lo que no ayuda a la erradicación de dicha problemática.

Infortunadamente, no solo son la víctima y el victimario quienes hacen parte de esta agresión, existen también aquellos que presencian dichos actos y prefieren no hablar o ignorar a aquella persona que está siendo acosada. Se sabe mundialmente que todo aquel que ve un crimen y no hace nada al respecto, se vuelve cómplice; y es esta otra razón de peso que genera que el acoso siga vigente y se suponga como algo ‘normal que todos hacen’.

Mujeres víctimas del acoso sienten vergüenza de hablar de estas situaciones, muchas temen alzar su voz por creer que es culpa de sí mismas, por la ropa que usan, la manera que caminan o por no estar 24/7 con un hombre que las acompañe y ‘proteja’.

En una encuesta realizada a 50 mujeres de las calles de Barranquilla, 37 expresaron que tienen miedo de lo que muchos dirán de ellas por mostrar disconformidad frente a estas situaciones y por temor a que el victimario reaccione de manera agresiva.

No se trata de decirle a la víctima que se comporte o reaccione de cierta manera, se trata de educar a la sociedad sobre lo inapropiado y maligno que son estos actos y lo mucho que pueden afectar a aquella persona a la cual se le está violando su integridad. No se trata de ignorar estos acosos, sino de ponerles un pare y acabarlos de raíz, lo cual se logra con educación, empatía y conciencia social; todo encaminado a un futuro más igualitario.

 

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